
Dormir bien no es un lujo. Es una necesidad biológica que impacta directamente en el rendimiento académico y en la estabilidad emocional de niños y adolescentes.
La psiquiatra Marian Rojas Estapé explica que el sueño es uno de los pilares fundamentales para la salud mental, la concentración y la regulación emocional. Sin embargo, en la etapa escolar suele ser lo primero que se sacrifica.
Pero ¿qué ocurre realmente en el cerebro cuando no dormimos lo suficiente?
Cuando un alumno estudia, la información no se guarda automáticamente. Durante el sueño, el cerebro procesa y organiza lo aprendido, trasladándolo de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo.
Si no se duerme bien:
Se retiene menos información
Se olvidan detalles importantes
Cuesta más concentrarse al día siguiente
En otras palabras: estudiar hasta la madrugada puede ser menos efectivo que dormir a tiempo.
Marian Rojas Estapé señala que el cansancio afecta especialmente la corteza prefrontal, la parte del cerebro encargada de:
La toma de decisiones
El autocontrol
La planificación
La atención
Cuando esta zona no funciona adecuadamente por falta de descanso, el alumno puede sentirse más distraído, impulsivo o desmotivado.
Para los padres, esto es importante: muchas veces no se trata de falta de interés, sino de falta de sueño.
Dormir poco aumenta los niveles de estrés y dificulta la regulación emocional.
En niños y adolescentes puede manifestarse como:
Irritabilidad
Cambios de humor
Ansiedad
Sensibilidad excesiva
Un cerebro descansado gestiona mejor las emociones. Un cerebro agotado reacciona más y piensa menos.
Uno de los factores que más afecta el descanso es el uso del celular por la noche.
La luz azul de las pantallas reduce la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. Además, el contenido digital mantiene al cerebro en estado de alerta.
Esto provoca:
Dificultad para conciliar el sueño
Descanso superficial
Sensación de cansancio al despertar
Crear una rutina sin pantallas al menos 30–60 minutos antes de dormir puede marcar una gran diferencia.
Aunque varía según la edad, en general:
Niños en etapa primaria: 9–11 horas
Adolescentes: 8–10 horas
Dormir menos de lo recomendado de forma constante impacta tanto el desempeño académico como la salud emocional.
Pequeños cambios pueden mejorar significativamente el descanso:
Establecer horarios regulares para dormir
Evitar cenas pesadas muy tarde
Reducir pantallas antes de acostarse
Crear un ambiente tranquilo y oscuro
Evitar estudiar hasta la madrugada
Para los alumnos: dormir no es perder tiempo. Es invertir en tu rendimiento.
Para los padres: acompañar en la creación de rutinas es más efectivo que exigir resultados cuando hay agotamiento.
En un entorno educativo bilingüe y exigente, el descanso cobra aún más importancia. El aprendizaje en dos idiomas requiere concentración, memoria y flexibilidad mental.
En el Colegio México Americano, promovemos no solo el desarrollo académico, sino también hábitos saludables que fortalecen el bienestar integral de nuestros alumnos.
Porque un estudiante descansado:
Aprende mejor
Se relaciona mejor
Maneja mejor sus emociones
Toma mejores decisiones
El sueño influye directamente en las calificaciones y en el estado de ánimo. No es un detalle menor, es una base esencial del aprendizaje.
Como señala Marian Rojas Estapé, cuidar la mente implica cuidar los hábitos diarios, y el descanso es uno de los más importantes.
Cuando familia y colegio trabajan juntos para priorizar el sueño, no solo mejoran las notas. Se fortalece la salud emocional, la concentración y la seguridad personal.
Dormir bien hoy es preparar el cerebro para aprender mejor mañana. 🌙✨