

Muchas veces se cree que estudiar más tiempo significa aprender más. Sin embargo, pasar largas horas frente a los libros no garantiza buenos resultados. De hecho, puede provocar cansancio, frustración y poca retención de información.
La clave no está en la cantidad de horas, sino en la calidad del estudio.
Aprender a estudiar mejor es una habilidad que beneficia tanto a niños como a adolescentes… y que los acompañará toda la vida.
El cerebro no está diseñado para mantener la concentración durante muchas horas seguidas. Después de cierto tiempo, la atención disminuye y el aprendizaje se vuelve superficial.
Una estrategia más efectiva es estudiar en bloques de tiempo:
25 a 40 minutos de concentración real
5 a 10 minutos de descanso entre cada bloque
Este método permite mantener la energía mental y mejorar la retención.
Uno de los mayores enemigos del aprendizaje es la multitarea. El cerebro no puede concentrarse profundamente si está alternando entre el celular, la tarea y las notificaciones.
Un espacio adecuado de estudio incluye:
Celular fuera del escritorio
Televisión apagada
Material listo antes de comenzar
Un lugar ordenado y con buena iluminación
Cuando hay menos interrupciones, el tiempo rinde mucho más.
Repetir información muchas veces no asegura que se entienda. El aprendizaje verdadero ocurre cuando el estudiante puede explicar el tema con sus propias palabras.
Algunas técnicas efectivas:
Hacer resúmenes personales
Crear mapas mentales
Resolver ejercicios prácticos
Explicar el contenido en voz alta
Si el alumno puede enseñarlo, es señal de que realmente lo aprendió.
El sueño cumple una función esencial: consolidar la memoria. Cuando un estudiante duerme poco, su capacidad de concentración y retención disminuye.
Recomendaciones básicas:
Dormir las horas necesarias según la edad
Evitar estudiar hasta la madrugada
Reducir el uso de pantallas antes de dormir
Un cerebro descansado aprende más en menos tiempo.
Estudiar solo antes de un examen genera ansiedad y bloqueos mentales. En cambio, repasar un poco cada día permite que el cerebro procese la información de forma progresiva.
Pequeños hábitos que marcan diferencia:
Revisar lo visto en clase el mismo día
Organizar tareas con anticipación
Tener un horario fijo para estudiar
La constancia reduce el estrés y aumenta la seguridad.
En casa, el papel de los padres no es supervisar cada minuto, sino crear un ambiente que favorezca la autonomía.
Algunas formas de apoyar:
Preguntar qué aprendieron, no solo qué tarea tienen
Reconocer el esfuerzo, no únicamente la calificación
Fomentar la responsabilidad progresiva según la edad
Cuando el estudiante se siente acompañado y no presionado, desarrolla mayor confianza y disciplina.
En un contexto bilingüe, el aprendizaje exige mayor concentración, flexibilidad mental y organización. Estas habilidades fortalecen la memoria y la capacidad de resolver problemas.
En el Colegio México Americano, enseñamos a nuestros alumnos no solo contenidos académicos, sino estrategias para estudiar de forma inteligente, equilibrada y autónoma.
Porque aprender a estudiar bien no es solo una herramienta escolar: es una habilidad para la vida.
Estudiar mejor no significa pasar horas frente a los libros. Significa entender cómo funciona el cerebro, organizar el tiempo, eliminar distracciones y construir hábitos constantes.
Cuando los alumnos desarrollan estrategias adecuadas, no solo mejoran su rendimiento académico. También fortalecen su disciplina, confianza y capacidad para enfrentar nuevos retos.
Y esa es una de las mejores enseñanzas que pueden llevarse más allá del aula. 🌎✨